Las mejores esencias, en frascos pequeños

Hace un par de años tuve el inmenso privilegio de poder acudir con un amigo al Palacio de los Deportes para presenciar el encuentro entre el Real Madrid (categoría de baloncesto, huelga decirlo) y los Boston Celtics. Entre tanta parafernalia traída por la NBA, mi compañero Edu y yo nos fijamos en una pequeña figura que daba instrucciones al conjunto verde. Parecía la imagen de un niño charlando con adultos. Sin embargo, cualquiera que mirara vería como ese “chaval” ejercía un rol de líder con los monstruos de más de dos metros que le rodeaban. Yo, más versado en la NBA de lo que lo estaba mi amigo, dije: “es Isaiah Thomas”.

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Foto vía lavanguardia.com

Este artículo no es más que un humilde homenaje hacia una de las figuras que ha logrado conquistar los corazones de absolutamente todos los seguidores de la NBA. Explicar el cómo en pocas palabras se antoja difícil, quizá sea una de las tareas más complicadas que me haya autoimpuesto desde que escribo sobre la temática del baloncesto. Pero necesaria. Os animo a quedaros, aunque (y sobretodo si) el baloncesto no os llame ni os guste. Tanto por su espectacular principio como por los turbulentos tiempos que hoy en día le acompañan. Simplemente, para conocer la historia de un ser humano que ha demostrado ser algo más.

 

Llegada a la NBA… y de qué manera

La historia de triunfo de Isaiah Thomas en la NBA se sostiene sobre dos pilares: su altura y su elección en el Draft (ahora explico esta última más detenidamente).

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(Foto vía Bleacher Report)

Comenzando por lo básico y evidente. Es un hombre rodeado por titanes. En el baloncesto, es habitual que exista un reparto de posiciones en función de la altura. Cuanto más bajito eres, más lejos de canasta te puedes mover y viceversa. Todas las posiciones presentan una serie de ventajas y desventajas tanto en ataque como en defensa. Dicho esto, lo habitual es que un base, posición donde juegan los “bajitos”, mida aproximadamente 1 metro y 90 centímetros (en medidas del baloncesto profesional). Bien, Isaiah reventaba estas métricas. Nada más y nada menos que 1’75, por debajo de la media estadounidense. Sí, se dieron casos de jugadores más bajitos en la NBA, pero normalmente fueron carreras poco exitosas y con más pena que gloria. Y ahí estaba.

El segundo pilar trata sobre su posición en el Draft. Para que los neófitos os hagáis una idea, el Draft es un evento donde los equipos de la NBA escogen a los mejores jugadores jóvenes tanto de las universidades estadounidenses como de categoría internacional. Es una forma de buscar el equilibrio en la Liga, puesto que los equipos que han cosechado peores resultados durante la temporada anterior escogen primero. De esta forma consiguen talento joven y la posibilidad de darle la vuelta a la tortilla en unos años, evitando situaciones “Madrid – Barça”, donde unos pocos equipos dominan siempre. Muchos son los que se presentan al Draft para pasar a formar parte de la NBA, pero muy pocos son los que consiguen ser seleccionados. Los equipos, que suelen tener dos elecciones cada uno, escogen hasta 60 jugadores. Os podéis imaginar la posición que un pequeño base de 1’75 alcanzó en su Draft. En efecto, ese infame número 60 acompaña a Isaiah desde su llegada a la mejor liga de baloncesto del mundo. Era, para toda la NBA, el jugador con menos futuro de toda esa remesa.

Pero estas taras no son algo que le pueda restar moral al pequeño gigante de Tacoma, Washington. Son más bien lo contrario. Alimentado por una voracidad competitiva solo vista en grandes leyendas de la NBA, Isaiah empezó a despuntar ya en su temporada de novato. Empeñado en demostrar su valía como revulsivo desde el banquillo, el pequeño base fue ganando enteros y se metió tanto a periodistas como afición en el bolsillo. Después de sus inicios en los Sacramento Kings y un fugaz paso por los Phoenix Suns (armados sin demasiado control), Isaiah Thomas recaló en los Boston Celtics. Y ahí comenzo la leyenda.

 

Del banquillo al “Celtic Pride”

Isaiah no gustó de primeras en Boston. Ni siquiera a su entrenador, el joven Brad Stevens. Corría la temporada 2015 y los Celtics, la franquicia con más campeonatos de la NBA, atravesaba un calvario que les situaba fuera de los puestos de competición. Y, con todo, Isaiah se puso a trabajar.

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Foto vía marca.com

En cuanto concluyó la temporada y los verdes lograron clasificarse para los Playoffs, no pocos calificaron esta hazaña como meritoria del pequeño Isaiah. Este, que empezó desde el banquillo en todos los encuentros, no dejo más que actuaciones y jugadas para el recuerdo. Su caída en primera ronda ante los Cleveland Cavaliers de LeBron James no dolió: ya se estaba construyendo un equipo contenderFue en ese verano cuando tuve el privilegio de acudir a verle jugar en su visita a Madrid. Interiormente, me gusta pensar que esa pretemporada estival fue el punto de inflexión de su carrera. Porque sus siguientes dos temporadas… ¡qué dos temporadas!

Ya con el control de Boston, el base de Tacoma se empeñó en demostrar a todas las franquicias de la NBA el gran error que habían cometido al no seleccionarle antes. Con números absolutamente escandalosos, Isaiah quedó entre los más votados para disputar el partido de las estrellas de la NBA, el All Star Game. Sería así el jugador con ronda de Draft más baja en ser seleccionado para este encuentro. Quedaba reconocido como una auténtica superestrella de la mejor liga de baloncesto del mundo.

“Hay veces que yo mismo me doy cuenta de la situación y no me la puedo creer. ¡Yo, qué fui el último seleccionado en el Draft, soy el jugador franquicia del equipo con más campeonatos!”

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Foto vía NBA.com

Recuerdo como recibí la noticia del All Star. Inmediatamente, cogí mi teléfono y escribí a mi amigo Edu. “¡Nuestro chiquitín, Dudú! ¡Nuestro chiquitín es All Star!”. Una hazaña que repetiría al año siguiente, durante esta temporada. Esta campaña ha pulverizado sus números anteriores y ha dejado actuaciones también para recordar. Simplemente, se ha puesto al nivel de las grandes estrellas de Boston, unas estrellas que conquistaron 17 Anillos de la NBA.

De esta forma, los Celtics acabaron primeros de su Conferencia, algo que no conseguían desde que juntaron al Big Three. El little guy fue seleccionado en el segundo mejor quinteto de la NBA, lo que le colocaba entre los 10 mejores jugadores de la mejor liga de baloncesto del planeta. Con unos Cavs como segundos en el cómputo victorias-derrotas, Isaiah y compañía opositaban a ser el equipo que por fin destronaría a LeBron y a su tiranía en el Este. Pero, desgraciadamente, los Playoffs de Isaiah serán recordados por otra cosa.

El corazón de un héroe

La noche del 16 de abril, víspera del inicio de los Playoffs, Chyna Thomas fallecía en un accidente de tráfico. La hermana de Isaiah, de 22 años, chocaba frontalmente con un poste metálico después de circular por el arcén izquierdo. No llevaba cinturón de seguridad. El propio cuerpo técnico de los Boston Celtics sería el encargado de comunicarle la noticia al base en el entrenamiento matutino previo al encuentro que les enfrentaría a los Chicago Bulls. El equipo entero quedaba en shock. Para Isaiah, hombre muy familiar, el suceso fue absolutamente demoledor. Su única hermana había fallecido. 

Pero jugó esa noche.

Las imágenes remueven por dentro a todo aquel que sea capaz de presenciarlas. Avery Bradley, compañero y amigo de Isaiah, intentaba consolar al joven base durante el calentamiento. Y este no podía dejar de llorar. El partido se disputó y todos los jugadores de los Celtics exceptuando al propio Thomas estuvieron desconectados, absolutamente fuera. El equipo era incapaz de concebir un encuentro como ese, y fueron derrotados. Lo mismo sucedió en el segundo. El pequeño base no faltó a ninguna de sus citas, y siguió anotando y organizando. Pero sus compañeros no podían.

La familia Thomas estuvo organizando el funeral de Chyna. Isaiah no faltó a un solo partido ni a un solo entrenamiento, cumplió con el equipo al 100%. Acudía a ver a su familia, que estaba en la otra punta del país, cuando tenía tiempo libre. Regresaba en vuelos de madrugada y a las pocas horas ya estaba entrenando para el siguiente encuentro. Sin parar, sin detenerse. Por pura inercia, Boston remontó esos dos primeros partidos y se acabó llevando la serie. Y todo el peso lo sostuvo sobre sus hombros el pequeño Isaiah.

Contra los Washington Wizards en semifinales de Conferencia tuvo lugar uno de los sucesos más importantes, uno que quedará en la memoria colectiva de varias generaciones. El 2 de mayo, en el segundo partido contra los Wizards, Isaiah anotaba 53 puntos, la máxima anotación vista en 15 años en Playoffs. Una de las mayores orgías en ataque de los Boston Celtics en la historia de las eliminatorias. Su equipo venció esa noche,  y su entrevista a pié de campo fue una de las más contundentes que se ha visto en la historia de este deporte (minutos 0:05 y 1:31):

“- ¿De dónde ha venido todo esto?

– “De mi hermana. Es su cumpleaños. Feliz cumpleaños. Hoy cumpliría 23… Así que todo lo que hago es por ella y sé que ella me está mirando.”

-Isaiah, toda la comunidad NBA está contigo, lo sabes. Sabemos lo duras que han sido estas dos semanas, especialmente este fin de semana… ¿de dónde estás sacando no solo la fuerza para jugar si no para hacerlo a este nivel, en un contexto tan complicado?”

– “… Mi familia y mis amigos me dicen que siga adelante. Mi hermana no querría que parara. Todo lo que pienso es que cada vez que salga del gimnasio la realidad me golpeará. Ella no está aquí. Esa es la parte dura. Cuando estoy en esta cancha puedo centrarme y sé que todo lo que hago es por ella.”

Aquí sobran las palabras. 

El final de la historia es bastante menos hollywoodiense de lo que llevamos ya escrito. Después de derrotar a los Wizards en una apretada serie a 7 partidos, los Celtics cayeron ante los Cleveland Cavaliers de un LeBron James que ya oposita a ser uno de los tres mejores jugadores de la historia. Isaiah no pudo disputar la serie completa por una lesión en la cadera. Pero la madera ya la hemos visto. 

La NBA entera ya ha podido atisbar el corazón de un héroe.

 

En conclusión…

Isaiah Thomas Chyna
Foto vía basket4us.com

Lleva años demostrando que es excepcional. Que es un ser humano por encima de la media. Su altura, su Draft, sus sombras y sobretodo sus luces. Siempre contra la adversidad, siempre contra todo y contra todos. 

Creedme, es muy difícil cerrar este artículo. No encuentro las palabras, y me he dejado demasiado en el tintero. Me sabe mal, pero se necesitarían libros y conversaciones de bar que durasen horas para que la deuda que atesora con todos los que vivimos este deporte pueda pagarse correctamente. Por ello, quiero hacer mías las palabras con las que Gonzalo Vázquez cerraba el capítulo número 10 del podcast “El Reverso”, el auténtico inspirador de este escrito. Allá van:

“Imaginad por un momento que vuestra hermana, vuestra única hermana, desaparece sin que podáis despediros de ella. Imaginad tener que jugar en estas condiciones y encima tener que ganar, siendo además el que más empuje al equipo para poder conseguirlo, como si fuera en solitario. Este año, cuando el sistema no podía más, cuando agotaba su sentido, cuando frenaba o colapsaba… o cuando simplemente no daba para más, Isaiah Thomas fue la respuesta. Y no en un equipo cualquiera, en uno de los padres fundadores, en el más laureado de la historia. Eso para el más pequeño de todos. Nada más llegar a los Celtics, la condición siempre peligrosa de verso libre fue lo primero con él. Pero esta temporada, muchísimas noches, y vosotros lo habéis visto…

…el pequeño Isaiah ha sido el verso, la estrofa y el poema entero.”

Thomas equipo
Foto vía MassLive.com

Por ello, tengo que agradecer de corazón al luchador más grande que haya tenido la suerte ver. Sus objetivos actuales son ser campeón con Boston y convertirse en el mejor jugador de la NBA, lo que le colocaría como el mejor de la historia por debajo de los seis pies. Con este currículum de vida, cada vez son menos los que dudan de esto.

Gracias. Por demostrar que las mejores esencias se guardan en frascos pequeños. 

Fer V.C.

Especial agradecimiento al podcast “El Reverso”, a Gonzalo Vázquez y en especial a Andrés Monje. No solo por el capítulo 10, si no por todo el trabajo realizado. 

 

 

 

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