Historias de un iluso: voluntariado

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‘Historias de un iluso’ es una colección de pequeños relatos, dedicada a las vivencias mundanas.

Otro verano más encerrado en la capital. Para unos es una oportunidad para pasear por esos sitios que suelen estar repletos, para otros es una aventura de supervivencia, dependiente de lo cerca que estés del agua o del aire. Para mí significa aprovechar mi tiempo libre para ayudar más de lo que puedo el resto del año.

Desde hace 2 años, trato de “escaparme” a una asociación dedicada a la protección animal: Abrazo Animal. “¿Pasear perros y acariciar gatos todo el día? ¡yo también quiero!”, dirán los ilusos que nunca lo hayan hecho. No os preocupéis, un servidor pensaba lo mismo el primer día que entró por la puerta de la asociación. Y es que los voluntarios, tanto dedicados al cuidado de las personas, cómo al de los animales, tenemos que lidiar con muchos tópicos. “Trabajar gratis, es perder el tiempo” o “deberías gastar tu tiempo libre en descansar”, son algunos de los más repetidos. Dejé de hacer caso a esos tópicos a medida que iba aprendiendo del voluntariado, pues los mismos que dicen esos tópicos, son los que están malgastando su tiempo mientras los recitan.

Ser voluntario, en el caso de la protección animal, consiste en mucho más que pasear y acariciar. Me gusta (a la vez que me da algo de miedo) pensar que somos responsables de la vida de los animales que forman parte de la asociación. Limpiar los cheniles, las jaulas; curar, adiestrar, alimentar…son algunas de las cosas que hacemos. Con suerte, hay momentos en los que podemos sentarnos con nuestros “peludos” y relajarnos. Hay días de todas las clases: tranquilos, ajetreados, buenos, malos…pero con la misma sensación de hacer algo útil en todos ellos. Supongo que esa sensación es compartida entre todas las clases de voluntariado.

Si algo puedo asegurar, es que no hay dos días iguales. Hay anécdotas de toda clase: quedarse dormido con uno de los perros, encontrar a un perro perdido paseando, “acampar” para conseguir terminar el CES durante media noche, bomberos ayudando en un rescate…entre otras cosas “típicas” del mundillo. Uno nunca está del todo preparado para lo que puede ocurrir, pero sí puede poner las ganas para afrontarlo. Por desgracia, la muerte es uno de los temas para los que uno nunca está preparado en el voluntariado. Hay que moverse en una fina línea entre el valor de una vida que ha tenido que finalizar, y acostumbrarse. Para mí, dejaríamos de ser humanos si nos quedáramos impasibles ante la muerte, pero hay que afrontarla para poder ayudar de la misma manera que siempre. Por suerte, en Madrid ya no tenemos que ver morir a los animales por falta de espacio (según la ley).

Los que ejercemos el voluntariado “animal” hoy en día, tenemos la suerte de aprender en los primeros días las cosas que otras personas tuvieron que aprender por su cuenta y sin el amparo de la ley. El método CES, las acogidas o actos benéficos, son algunas de las cosas de las que hablo. Esperemos que vayan aumentando los ayuntamientos que pongan de su parte en lo que a protección animal se refiere: hacer colonias de gatos, en vez de envenenarlos; recoger únicamente a los animales del municipio (para no masificar el centro), proporcionar los medios adecuados para que las asociaciones ejerzan una correcta gestión, invitar a las asociaciones a participar en los medios de comunicación…son algunas de las medidas que pedimos.

Peticiones aparte, hay momentos en el voluntariado que son impagables: ver el desarrollo de la vida en una colonia de gatos, sin peligro; esas fotografías de perros tumbados en hogares que parecían no llegar nunca, ver salir adelante a animales con distintas enfermedades, entre otros tantos.

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Grupo de gatos de la asociación, conviviendo en armonía (y al acecho de su presa común).

No voy a mentir, hay veces en las que uno ve que tiene que estar ahí, que los “peludos” te necesitan; al igual que otras veces tienes que dedicarte a la vida “normal” que el resto del mundo hace (por mera existencia). Por algo esto se llama voluntariado: porque uno lo hace queriendo. Por experiencia, uno debe hacer el voluntariado con buena salud mental y física. En vez de ayudar, puedes convertirte en un problema si tratas de estar a todo y, en realidad, no estás con nada seriamente. Cada uno invierte su tiempo libre en lo que quiere, a mí (al igual que a mucha gente) me gusta invertirlo en esto. Todo lo que uno haga para ayudar, es importante: donar, cuidar, dar a conocer (hablando de las asociaciones, de las medidas necesarias, o difundiendo). “Todos sumamos”, diría una vieja conocida en el tema. Agradezco todo lo aprendido en el voluntariado, todos los recuerdos, el sentir que se hacen cosas útiles. Esperemos que los tópicos vayan desapareciendo y seamos cada vez más los voluntarios que estamos orgullosos de serlo.

 

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